4 de diciembre de 2008

Hoy me ha dado pensar que mi vida es una gran novela en proceso. Pero no una novela tan grande como Los miserables, no, pero sí quizá más larga que un Pedro Páramo. Pero menos espectacular, y más abrurrida, claro. Con un tempo lento espantoso que está para congelar pestañas. Con un sinnúmero de nombres y caras de personajes, eso, sí; pero poca o nula profundidad filosófica. Si me pusiera a pensar, más, creo que podría llegar a establecer qué tipo de novela sería. Muy seguramente se inscribirá en la vieja escuela realista, o cuando mucho en un naturalismo galdosiano. Sí, yo creo que así he de ser: algo entre Marianela y la señora Ana de Ozores, es decir, La regenta... y si llego a tardarme más (es decir, si vivo más de la cuenta), bien podría catalogarme como un Por el camino de Swann, no, mejor dicho, todo el En busca del tiempo perdido del "fantástico" Marcel Proust. No le encuentro lo fabuloso a su libro. En fin... me gustaría que mi autor fuera más como otro Marcel que conozco y que sí hace cosas más entretenidas, Marcel Duchamp. Ése sí es compa, pero ni pescamos nada por estar aquí platicando. Mejor volvamos a nuestras truchas.

15 de noviembre de 2008

Matilda: Me fascinó. Sobre todo porque tiene esa duda inicial muy cortaciana de: "¿Encontraría a la Maga?". Que en lo particular desde la primera vez que la leí se me hizo fascinante, y uno de los inicios más inesperados y seductores que ha tenido la literatura en muchos años atrás. Sin embargo pienso que se diluye un poco tu ritmo en "y ya es muy tarde para una estela"; quizás hacerlo más corto. No sé. Luego lo retomas muy bien en las siguientes líneas. Aunque quizá si unes "Alguien grita." con "Alguien corre.". Se intensifica más el texto por la velocidad. Luego de ello me bifurco en opiniones distintas: una de ellas (la primera que saltó a la vista) es que quizás debiste acabar en ese me cuajo, y quizás ahondar más en ese "cuajamiento" por una o dos líneas más; la segunda (la que ahora veo, y que incesantemente me lleva hacia cierta dirección, hacia cierta impaciencia de no tenerlo cierto; pero que, sin embargo, grita que sigo vivo y que respira dentro de mí esa idea, y que me acorrala; y que por ello debo dejarla salir, fructificarla, morderla... y en última instancia, y como lo hago ahora, exponerla, ésa), me dice que está muy bien que continuaras. Y que si pudieras repetir "Cualquiera." un verso después de "Uno de estos." Podría terminar mejor. O algo así: "¿Lo lograré otra vez? Cualquier segundo de estos. Cualquiera. Uno de estos. Cualquiera." Ya que intensificas más esa probabilidad-seguridad de lograrlo. Y de forma general intensifica el final: de cierta forma siento que al terminar con "Cualquiera." dejas (tienes) un final abierto, expuesto, lleno de vida. Mientras que cuando terminas con "Uno de estos." delimitas las posibilidades, y cierras el texto, lo apagas, lo sofocas. Es decir (en otras palabras), no parece una nueva posibilidad anhelada, sino más bien como un hecho concluido. No sé. Esa es mi percepción. Por lo demás. Perdona que me extendiera (intencionadamente) tanto; pero pienso a últimas fechas que así debería de escribir: "dejar" que las cosas surjan. Nos vemos. Cuídate. Saludos a Roh.
S.
P.D. Quizá también (se me olvidó mencionarlo -en esa segunda idea-) podrías sustituir el punto después de "Uno de estos." y antes del "Cualquiera." que te sugiero, por unos dos puntos. En cuyo caso quedaría así:"¿Lo lograré otra vez?Cualquier segundo de estos.Cualquiera.Uno de estos:Cualquiera."Repito: esa es sólo mi lectura. Nos vemos. Ciao.

14 de noviembre de 2008

La vida es bella. Los feos somos nosotros los que la describimos como Charles Dickens.
Quiero decirte esto: no sé escribir cuando algo me duele tanto, no soy, no seré nunca el escritor profesional listo a producir lo que se espera de él, lo que le piden o lo que él mismo se pide desesperadamente. La verdad es que la escritura, hoy y frente a esto, me parece la más banal de las artes, una especie de refugio, de disimulo casi, la sustitución de lo insustituible. Aquí en París encontré un cable de Lisandro Otero pidiéndome ciento cincuenta palabras para Cuba. Así, ciento cincuenta palabras, como sin uno pudiera sacarse las palabras del bolsillo como monedas. No creo que pueda escribirlas, estoy vacío y seco, y caería en la retórica. Y eso no, sobre todo eso no. Lisandro me perdonará mi silencio, o lo entenderá mal, no me importa; en todo caso tu sabrás lo que siento.

Jornada 8

— Oiga, señor. Y ya que estamos aquí usted y yo solos en la sala. Y ya que estamos en esta que usted ha dado por llamar la octava jornada… por qué, me pregunto… seguimos con este agobiante itinerario de distintas jornadas y no mejor nos ponemos a platicar usted y yo sobre cómo está escrita la obra… sobre las tonterías que cometió el escritor; o aquello que el director lo pudo mejorar pero por muy puritano o pútrido no lo hizo? — Bueno, es que… la verdad… yo no estoy autorizado y… bueno… la verdad… si hubiera sabido de su disposición, de sus ganas… de haber sabido que podía, pues… realmente lo hubiera hecho desde el principio, y así me podría deshacer de ese falso y rimbombante mote de “el narrador”: joder!!! Es una obra de teatro!!! Quién necesita un narrador?! — Bueno, señor… perdone que lo contraríe… pero la verdad es que yo fui contratado para una novela, no para una obra de teatro. — Jaja… pues se lo chamaquearon, mi chavo: ahí clarito se lee: jornada 8, JOR-NA-DA… ¿cuándo ha visto usted que las novelas se dividan por jornadas? — Bueno, pus ahí está el caso de… de… de… — Nada, señor. A usté se lo chamaquearon y punto: esto es una obra de teatro. O qué… apoco no estamos usted y yo aquí conversando como lo hacen en las obras de teatro… — Pus… — Pus, pus… ¿no sabe decir otra cosa? Ya me tiene lleno de pus este teatro. Pero prosigamos con nuestra charla. ¿Qué otras razones tiene para creer que esto es una obra narrativa, y que no es una de esas jugadas que el sindicato de personajes le hace a sus trabajadores?

8 de noviembre de 2008

People always told me be careful what you do and don't go around breaking young girls' hearts. And mother always told me, be careful who you love, be careful what you do, 'cause the lie becomes the truth. Billie Jean is not my lover. She's just a girl who claims that I am the one; but the kid is not my son.