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9 de septiembre de 2008

Sobre el Violeta, la personalización de los textos y otras cosas.

Hoy es 9 de septiembre de 2008, 11:08, según mi computadora. Intenté ir a Monterrey porque en el Tec iba a presentarse Luis Arturo Ramos, el escritor de una de las novelas que más me ha gustado en los últimos meses: Violeta-Perú. Había estado indeciso durante todos los días que transcurrieron desde que me enteré de su visita (ha de haber sido el jueves) hace seis días. Me decidí a ir hoy en la mañana a es o de las 6 am. Fui a hacer del baño, me bañé, anduve como loco buscando qué iba a ponerme y metiendo en la mochila todo lo que habría que llevar (un libro de Felipe y otro que me prestó Xitlally, un libro de filosofía de Deleuze que ando leyendo, las copias del libro de Violeta-Perú para luego dejarlo en copias, las copias de Los grados de la escritura para sacarle copias y devolvérselo a Jonhy, mi reproductor de música, unos dátiles que le iba a llevar a Calder, y ya). Error número uno: meterme a bañar a esa hora. Error número dos: salirme del baño sin recoger y ponerme los lentes. Error número tres: no tener a la mano pantalones que no estuvieran rotos y sí estuvieran limpios. Error número cuatro: Un error prebio a los ya mencionados son: no haberme decidido antes y no haber consultado o saber de memoria las horas en que salen los camiones. En fin. En otra ocasión será. La verdadera razón por la que quería ir a la plática es que quería conocer a uno de los que será profesor mío en la maestría (si me dejan entrar, claro), y que actualmente se encuentra de director de la misma. Ahorita me encuentro en el Vips de Monclova pensando en que no me siento aún seguro de mi formación académica; es decir, que no me siento apto para trabajar. ¿A qué viene esto? Básicamente a que no sé exáctamente qué es lo que escribiré para la revista que me dice me uede pagar mis artículos en caso de que lo escojan para publicar. No me siento seguro, en parte también, porque no conozco ninguno de los lugares de los que me piden escribir (Cabo San Lucas, Los cabos, Cancún, Todos Santos, las ruinas mayas, etcétera). Sé que el cyberespacio es grande, y que seguramente encontraré mucha información al respecto en la que me pueda basar. Sin embargo esto no me da seguridad alguna. Si no tengo información que yo pueda aportar al texto me parece (me parecería) que no es mío; que sólo hice una copia, o bien, que sólo hice una sustracción de los textos. Esto es cagante: tengo que acostumbrarme a vivir con el hecho de que todo lo que uno escribe no es más que una sustracción de lo que muchos otros dicen, un parafraseo de lo ya por demás sabido. Pero ese es uno de mis errores más comunes: tratar de lograr que todo lo que haga sea original; que lleve algo mío inmerso, inherente, por completo inseparable: que se sepa, al leerlo, que fue escrito por mí, como el estilo. Pero no estoy hablando hablando de estilo, no sólo de ello. Eso es sólo una forma particular de contar. Ni tampoco hablo de la experiencia; esa es quizá sólo la vivencia (un montonal de cagada aburrida que a lo mejor -o peor- ni sirva realmente para nada). Hablo, más bien -quizá-, de la focalización; es decir, de la interpretación de las cosas; aunque eso quizá también sea un miserere (o mejor dicho, una batea de babas -miserere es más bien una poema para decir mea culpa-). Me siento triste, no sé porqué. Quizá sea por lo de "no me siento seguro de mi formación". Hace rato encontré un trabajo en el que la vacante es de promotor cultural en la ciudad de Querétaro. Para ello sí me siento seguro. He hecho esto desde que estaba en tercer semestre de letras. Me gusta. A veces me deprimo cuando no salen muy bien las cosas (cuando no consigo que vayan personas a los eventos que promociono), pero me gusta. Me gusta en parte porque me parece que es una labor que pide de mí más de una sola y repetitiva y tortuosa labor. Me exige calcular los recursos que se van a utilizar para tal evento, así como el arreglo de todos los detalles, por mínimos que estos sean. Me da la oportunidad de implementar mi vago y poco conocimiento que tengo acerca del diseño gráfico. Me pide que sea sociable y abierto a nuevas ideas; y a trabajar en equipo. Me gusta también porque me permite conocer personas que están interesadas (o al menos eso parece) en lo que a mí (parece que) me gusta. Aunque creo que "todavía lamento, aquel día" en que conocí a una mujer en uno de los eventos que promocioné. No, creo que lo que realmente lamento es que ella se encuentre demasiado lejos de mí y que cuando tuve la oportunidad nunca le dije nada, y que no le robé un beso {aunque en parte también me siento agusto con ello debido a que en ese tiempo ella andaba medio mamona y me hubiera terminado de empinar si hubiésemos andado}. Espero algún día volver a tener esa oportunidad, cuando ya me sienta más seguro de mí mismo (aunque en ocasiones siento que jamás lo estaré). Me gusta porque me orilla a conocer qué es lo que se está haciendo en este momento en lo correspondiente en la cultura; porque muchas veces, aunque sean eventos que sé que me puede gustar lo que harán, no voy por hueva. Así que por ese lado estaría muy bien conseguir ese trabajo. Me gusta ser promotor, también, porque me da cierta libertad sobre estar encerrado o afuera de una oficina, o si estoy en mi lugar de trabajo o en cualquier otra parte; trabajando, pero en cualquier otra parte(o durmiendo, uno nunca sabe). Eso me recuerda que no me gustan por nada del mundo los horarios; esa es otra de las cosas que más detesto en este pinche y deteriorado mundo. Si la otra vez dije que no nací para estar haciendo filas, tengo que admitir que con los horarios me pasa algo bastante pior. La última cosa que me gusta de este posible empleo (que probablemente podría haber empezado por ahí) es que se encuentra en Querétaro, lugar "mítico" en que hallaré la felicidad. Jejeje... no es para tanto. Me gustaría irme para allá porque un amigo que estimo demasiado (y con quien comparto mi gusto por el arte y la creación de éste) acaba de empezar allá su maestría, y quisiera acompañarlo al menos unos meses por allá. Me he entretenido unos cuantos minutos fuera de éste texto debido a que estoy escribiendo un correo electrónico para el profesor Enrique E. P. S., porque quiero que me dé una carta de recomendación para la maestría. Asimismo, porque quería corroborar la información que me dieron de L. A. R. y que mencioné hace rato (que es regente de la maestría de Creación at El Paso). Él da las clases "Introducción a la creación literaria" y "Formas y Técnicas of Fiction (me supongo que es narrativa) ". Es una lástima no haber ido. Consultando las páginas que describen sus cursos me he dado cuenta que es bastante estricto con lo de los retardos y faltas (cosa que me preocupa en sumo). Me acabo de dar cuenta que ya es casi la hora para salirme de aquí. Esto porque pienso comer con mi mamá, pero, bueno, puedo esperar un rato. La bronca principal radica en que el Vips de por acá está justo entre dos colegios de alto-alumnaje (no porque los weyes sean muy altos o bastante chingones, sino porque son muchos) en la ciudad. Lo cual me complica porque tengo que pedir un taxi para que venga por mí y, si de pos sí se tardan siempre un huevo en venir, ahora tardará más: es la hora de salida en ambas escuelas. Nohay bronca, le caigo a la casa a las 3, ya que mi mamá haya llegado. Quisiera pedir más café y la cuenta pero no encuentro a la señorita (ha andado perdida casi todo el turno, pese a que casi no hay gente; por lo general me han traido las cosas otros de los empleados, pero ella si acaso ha venido dos veces). Pero, claro, también quisiera jugar futbol de forma profesional e ir orinar al baño; pro la verdad no se puede hacer todo en la vida. Escucho Pump it en la laptop, por lo pronto. Me he decidido en muchas ocasiones no volver a este café (particularmente a éste), pero siempre me gana la idea de que aquí podré leer o escribir mejor y que me sentiré mejor que en mi casa. Realmente es tan sólo que me recuerda otro Vip's que me recuerda otro Vip's, que me hacía sentir como pez en el agua. O quizá sólo sea el recuerdo. Uno nunca lo sabe. Una mujer se te mete en la mente, o entre las piernas, y es a veces es muy difícil sacarla de ahí. Lamentablemente esta sólo se me metió en la mente. Pero nimodo, es casi lo mismo; por no decir que es pior (que es peor que peor, diría R.M.). Extraño a ese profesor. No sé si me cayó bien porque no me hizo la vida tan complicada como pensé que sería, o bien porque logré entablar con él una relación aparte de profesor-alumno. Creo que es más lo segundo. Extraño esas tardes en el café en que podíamos estar horas y horas hablando (bueno, el que hablaba era él, yo sólo hacía una pregunta, alguna observación, o respondía vagamente alguna pregunta suya). También lo estimo mucho porque gracias a él descubrí que la narrativa que me gusta -no la que más, sino la única que me gusta- es la mexicana y que sí es posible y necesario entrar a ese círculo de escritores a nombrar (y que por desgracia muy pocos conocen). Eso me recuerda cuánto me retequemputa cómo muchas personas opulentamente llegan a mencionar un: Baudelaire, García Márquez, Cortázar, ¡Borges!, Hasse, Patrick no sé qué, la autora de Harry el Puto, etcétera. Y no es capaz de nombrarme más de cinco escritores mexicanos, y siempre los mismos (¡los más "grandes"!, dicen ellos): Paz, Fuentes, Reyes, Rulfo y Sabines. UNO, UNO es el que les respeto, y porque es realmente el mayor: Rulfo. Los demás, algo tienen de bueno, pero a mí no me sirven ni para limpiarme los mocos. Ahora sí me voy. Nos vemos al rato.