20 de octubre de 2008

Hubiera sido mejor que me quedara callado. Que no ecribiera. Que no dirijerala pluma en esa dirección, con esa tinta. Hubiera sido mejor que mi madre hubiera abortado. Ahí, en medio de la calle. Una mancha de tinta y nada más. Fuego; mucho fuego. O que mi padre me hubiera apaleado a los cinco años hasta rebentarme. Hasta quebrarse el brazo o hasta partirme los diente con el cinturón. Hubiera sido mejor. Hubiera sido mejor para esos dos que al cabo de los años terminaron muertos. Sedientos de pan y de sangre. Sedientos de amor y venganza. Sedientos de amor y de mí. Hubiera sido mejor que me callara todo.

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